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Ultima actualización: 05.03.2004
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4 Diciembre - Día de la Nación Andaluza

Un anhelo surcaba las mentes de los andaluces, ansias de autonomía y libertad eran constantes en el pueblo andaluz en una época tan difícil y confusa como lo era la transición. Andalucía necesitaba la Autonomía para volar en libertad. El 4 de diciembre era el día elegido para que los andaluces saliésemos a la calle a expresar nuestros sentimientos. 

Las expectativas se desbordaron. Cerca de dos millones de andaluces se manifestaron el 4 de diciembre "Día Nacional de Andalucía" para exigir la Autonomía. Quinientos mil manifestantes en Sevilla, alrededor de ciento cincuenta mil en Málaga, cien mil en Granada, ochenta mil en  Huelva y en Córdoba, setenta mil en Cádiz, setenta mil en Jaén, diez mil en Almería, Ronda, Campo de Gibraltar y en Antequera y más de un cuarto de millón en Barcelona, emigrantes de la novena provincia. En total, casi dos millones de andaluces, todos ellos con cientos de miles de banderas verdes, blancas y verdes, llenaron con sus gritos y consignas las calles del país andaluz demostrando  que Andalucía ya ha despertado y que han sido los hombres y las mujeres del pueblo quienes han contribuido a esta toma de conciencia popular en pro de una autonomía auténtica, que no una descentralización administrativa.

En Cataluña también salieron a la calle -convocados por las asociaciones andaluzas- cerca de trescientos mil manifestantes que, desde la Plaza Cataluña, llenaron las Ramblas y la Plaza de San Jaime. Los organizadores convocaron como Día Nacional del País Andaluz.

 

        Una tragedia ocurrió en Málaga. Pocos días antes de la manifestación, el presidente de la Diputación había declarado que la bandera andaluza no ondearía en el balcón de la Institución a pesar de que el pleno lo había aprobado. Al pasar la manifestación por delante de la Diputación, un joven escaló hasta el balcón para poner una bandera andaluza en el mástil. Poco después, la policía cargó. Botes de humo, balas de goma... y ¡disparos! Una bala atravesó la cazadora del joven José Manuel García Caparrós. El lugar donde cayó, sen convirtió en un "altar" improvisado por donde pasaron miles de malagueños, hasta que fue destrozado. Durante varios días, el pueblo se echó a la calle en protesta por la represión policial y, por supuesto, en señal de duelo.

    Ese día, el 4 de diciembre, es recordado y actualmente celebrado por los andalucistas, quienes lo consideran como el auténtico Día Nacional de Andalucía, ya que fue el día en el que los andaluces tomaron conciencia real de PUEBLO, día en el que se pedía autonomía plena, para, con ella, salir del subdesarrollo, de la dependencia, de la subalternidad.

    En estos días, los andalucistas serranos también recordamos, pero no nos quedamos ahí. Queremos reavivar esa conciencia de pueblo andaluz y, conseguir, entre todos, crear el proyecto político para Andalucía, que la sitúe donde se merece.

¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE!




Conferencia de Antonio Ortega
Conferencia de Antonio Ortega en la consejería de Relaciones Institucionales

1.- MARCO GENERAL
El 4 de diciembre de 1977, hoy hace 26 años, los andaluces recorrimos una nueva etapa de nuestra vida como pueblo. Con la reivindicación de una autonomía plena y de primera conquistamos el autogobierno para nuestra tierra. Pero desde la aprobación en 1978 de la Constitución y en 1981 del Estatuto de Autonomía, muchos han sido los avatares acaecidos a las sociedades española y andaluza, que han asistido a vertiginosos cambios en la esfera política y económica, provocadas por la rápida evolución experimentada desde finales de los años setenta y por las transformaciones internacionales, como la integración del Estado español en la Unión Europea.

En efecto, fenómenos como la globalización han cambiado las funciones de la política; cambian y, a veces superan, el papel de los Estados y cambian el concepto de soberanía; se desdibujan las fronteras, se crean nuevas instituciones y, sobre todo, se empieza a perfilar un orden en el que ya no caben las respuestas tradicionales.

Durante este periodo de tiempo, los andaluces han aportado grandes dosis de civismo y de compromiso para andar el camino junto con los ciudadanos y ciudadanas del Estado español. El consenso y el contrato social asumido por todos y todas han sido los principales protagonistas de la convivencia pacífica y democrática en el Estado.

Es un deber moral de los demócratas respetar las opiniones, respetar a las instituciones legítimamente constituidas y respetar las iniciativas que pretendan la mejora de las normas de convivencia democrática. Hasta el propio PP reconoce que vivimos un contexto cambiante, que debe ser aprovechado para extraer las consecuencias positivas que actualicen y mejoren el marco de relaciones que nos hemos dado. Ello conlleva la inevitable necesidad de reformar las leyes, entre ellas, la Constitución del Estado y el Estatuto de Autonomía andaluz.

En el apartado constitucional, la Carta Magna estatal necesita un cumplimiento y un desarrollo que no ha de tener miedo a la evolución y si es necesario que termine en su reforma. La Constitución y los Estatutos de Autonomía no son normas inmutables sino que, como tales reglas jurídicas que son, precisan de una interpretación y actualizaciones continuas que las modernicen y las hagan útiles para la sociedad. Una reforma que continúe la línea emprendida en la etapa constituyente, que valore el consenso como norma suprema, que permita cerrar el excesivamente ambiguo Estado de las Autonomías y que termine con la resurrección interesada del inmovilismo constitucional.

La mala literatura es a la literatura lo que la inmutabilidad de las leyes supone para la frescura y la utilidad social del Derecho. Siguiendo en este tono lírico, la Constitución no necesita de caballeros andantes que la defiendan de cara a la galería y a sus intereses partidistas, porque quizá el resultado sea el quijotesco tropezón con unos gigantes que no existen.

Para esta reforma se precisa la obtención del consenso que dio lugar a la Constitución, por lo que es indispensable el mantenimiento de una actitud flexible y amplia, que acoja todos los planteamientos posibles realizados desde planteamientos democráticos e institucionales, excluyendo cualquier pretensión de chantaje, manipulación o manifestación violenta.

Por tanto, es preciso adherirse al concepto constitucional y estatutario y no necesariamente al texto literal de los mismos que es, como ya se ha dicho, cambiante y necesariamente actualizable. Es más, estas normas básicas conllevan en su conceptualización política la máxima de su mejora y su puesta al servicio de la sociedad en sus sucesivas etapas históricas

Cualquier consideración respecto a los valores constitucionales y a su vigencia debe estar precedido por un debate amplio, sereno, en el que participe toda la sociedad. Un diálogo entre todos que esté exento de lacras como la exclusión, la imposición, la prepotencia y el pensamiento único y uniforme que eliminen cualquier posibilidad de acuerdo.
Un acuerdo que, hoy, es casi absoluto, incluso entre dirigentes de la propia derecha española, en relación a la necesidad de reformar la Constitución. Las líneas de actuación son claras: la introducción de mecanismos de participación, como la codeterminación, en la política española y europea, la puesta en valor de instituciones infrautilizadas como el Senado, el relanzamiento de la administración local, una nueva y más eficaz vertebración territorial que elimine los centralismos, etc. Igualmente, es necesario dar respuestas actuales a viejos anacronismos y responder a los grandes retos con instrumentos flexibles. Basta con mirar el ejemplo de Estados descentralizados que funcionan con un alto grado de eficacia como Alemania. De todas forma quiero decir que, para conseguir esta ansiada reforma, es necesaria una situación de menos tensión que la que estamos viviendo. No tenemos prisa, pero es necesario insistir en que este proceso es irreversible y que cuanto antes lo acometamos mayores serán los beneficios.

2.- ¿PORQUÉ ES NECESARIO UN NUEVO ESTATUTO DE AUTONOMÍA PARA ANDALUCÍA?

Por ello, y por constituir el tema central de estas jornadas, quiero centrarme ya en el plano estatutario, para plantear un tema capital: Andalucía necesita un nuevo impulso político. Las grandes movilizaciones cívicas del pueblo andaluz recondujeron el proceso autonómico hacia la profundización en el autogobierno y en la igualdad frente a la vía centralista o a la vía de los privilegios de las comunidades con más poder político y por eso más ricas. Hoy la situación se parece demasiado a aquella como para no resultar evidente que Andalucía de nuevo tiene que, hacer oír su voz en España. De lo contrario, esta espiral de agravios que se retroalimenta amenaza con provocar graves consecuencias para el desarrollo político y económico de España y de Andalucía. Los nacionalistas vascos y catalanes y asimilados forzosos tienen hoy la iniciativa. El gobierno del partido popular, con su neocentralismo, lejos de centrar el proceso alimenta los extremismos.
Hace falta una nueva fecha simbólica en el calendario emocional andaluz para cambiar este rumbo de polarización entre centralistas y asimétricos.

Los andalucistas creemos que la sociedad andaluza actual difiere mucho de la sociedad de inicios de los años ochenta cuando se redacta el actual Estatuto. La Ley principal andaluza está basada en una realidad social, económica y política que no son las mismas de hoy. La sociedad ha recorrido ya un camino muy distinto al del Estatuto de Autonomía.

Los andalucistas, que fuimos los que más luchamos por conseguir un estatuto moderno que diera respuesta a la concepción de Andalucía como nacionalidad, demandamos un Nuevo Estatuto que supere el estancamiento del autogobierno. No son suficientes unas reformas puntuales sino un nuevo documento adaptado a la realidad del presente.

La sociedad de las nuevas tecnologías, los nuevos conceptos sociales y laborales, la importancia de poder decidir en el seno de la Unión Europea, la calidad de vida que se obtiene con un autogobierno pleno con todas las competencias, ... son razones muy importantes para ponernos a trabajar y redactar, por consenso, un Nuevo Estatuto para Andalucía.

Desgraciadamente el proceso autonómico no está concluido entre otras cosas porque no es posible que la autonomía la hagan los centralistas y su imperfección provoca ciertas dosis de desestabilización permanente. La necesidad de adaptarse al proceso constituyente europeo puede ser una gran oportunidad para que Andalucía lidere una tercera vía entre los que defienden el Estado asimétrico y los centralistas.

Reestructuración del poder en Europa que para Andalucía comienza por la necesidad de adecuar su Estatuto, mediante el consenso, para dar un nuevo impulso a nuestra autonomía. Estamos en un contexto difícil: el ciudadano percibe que Andalucía funciona razonablemente bien y recela de experimentos innecesarios, los partidos de ámbito estatal tienen una inercia al centralismo, sobre todo cuando gobiernan en Madrid, y las propuestas que proceden del Gobierno vasco provoca un miedo generalizado a la desestabilización. Pero es precisamente en esta coyuntura cuando Andalucía debe, de nuevo, como ya hiciera hace mas de veinte años, liderar el proceso de distribución territorial del poder hacia la racionalización y la equidad. Andalucía necesita crecer y debe decidir su propio destino desde la madurez de su responsabilidad y decisiones propias y no depender de las decisiones de los demás. En la mundialización sobrevivirán los dueños de su propio destino y para eso necesitamos dotarnos de herramientas políticas que ayuden a transformar y mantener una nueva cultura política.

El Partido Socialista hace casi dos años que propuso la reforma del Estatuto, habiendo tenido en su mano su pleno desarrollo pero aún no ha dicho en que consiste la reforma. Es algo inconcebible. Lo importante no es la reforma sino el contenido de la misma y todavía desconocemos su propuesta. Quizá, porque otras experiencias ajenas determinan su propia opción. Pero, para nosotros una reforma del Estatuto implica necesariamente un avance en el autogobierno, una ampliación de nuestra autonomía. Mucho me temo que la propuesta socialista no haya visto la luz porque no tenga ni el rumbo ni la autonomía suficiente para afrontar una reforma estatutaria y que puedan, por lo tanto, significar un cambio real que conduzca a un modelo de país para el siglo XXI.

Andalucía necesita un Nuevo Estatuto para dotar a la administración andaluza de mayor eficacia en la gestión pública y aumentar los servicios públicos que ofrecen bienestar de la sociedad. Los andalucistas entendemos el Nuevo Estatuto como la oportunidad histórica para profundizar en la identidad y en el hecho diferencial andaluz y como un instrumento generador de riqueza para Andalucía.

Pero esta reforma tiene que ser fruto del consenso y sobre todo debe ser una demanda ciudadana desde un debate responsable y no partidario o electoral. En este sentido, creemos que el debate ha de abrirse a las asociaciones, en él tienen que participar los Ayuntamientos y todas las entidades sociales deben aportar su sugerencia, su opinión, imprescindibles para que los andaluces se identifiquen plenamente con su nueva norma suprema.

Por lo tanto, se requiere por parte de los andaluces y las andaluzas una participación ciudadana que suponga a su vez un rearme de la sociedad civil andaluza necesario para impulsar una nueva etapa en nuestra vida como pueblo, que vuelva a recuperar la ilusión por la autonomía y por el autogobierno, para hacer de Andalucía la tierra próspera que siempre hemos anhelado.

3.- DEFICIENCIAS DEL ACTUAL ESTATUTO

La norma básica de los andaluces ha servido para darnos un marco de convivencia adecuado para el inicio de nuestro autogobierno. Sin embargo, el paso del tiempo ha demostrado una serie de lagunas que merma la eficacia del Estatuto. Durante la etapa de su redacción no se tuvo la valentía política de hacer una apuesta fuerte, previsora y de futuro, que han acarreado deficiencias como el no apostar con firmeza por técnicas participativas y de colaboración institucionales eficaces tanto con el Estado, la Unión Europea y el resto de nacionalidades y regiones
Fuimos los andalucistas los que advertimos durante el trámite y aprobación del Estatuto, que se había “olvidado” introducir en él reconocimientos necesarios, como la Identidad Nacional de Andalucía, el papel del Andalucismo Histórico, o la figura y la obra de Blas Infante.

Tampoco se consideró importante la inclusión de características de vital importancia para un Estatuto de Autonomía, como por ejemplo, no apostar por una vertebración territorial eficaz o no reconocer competencias importantes para el Presidente del Gobierno Andaluz (como la facultad de disolver la Cámara, que ha tenido que ser aprobada posteriormente), lo cual confiere al Estatuto un carácter reproductor de esquemas centralistas.

Resulta incomprensible, por ejemplo, la extrema dificultad en la reforma del Estatuto en comparación con los de otros territorios. Así, mientras en Cataluña o en Euskadi se exige una mayoría de una quinta parte de los Diputados de sus respectivas Cámaras para la propuesta de reforma y mayorías de un dos tercios (catalán) y absoluta (vasco) para su aprobación, el Estatuto andaluz exigiendo mayoría de tres quintos para su aprobación. Todo ello hace realmente difícil cualquier tipo de mejora, aunque fuera meramente técnica, de nuestra norma suprema.

No sólo pueden constatarse aspectos de vital importancia que no están recogidos en el Estatuto. También es perfectamente apreciable que la evolución social e histórica de nuestra tierra y el vértigo de los acontecimientos en la esfera internacional han superado los contenidos y las previsiones de un Estatuto que es deudor de un tiempo de cautelas y de unas estructuras socioeconómicas ya obsoletas. En efecto, el Estatuto está plagado de contradicciones, preceptos obsoletos e incumplimientos:

El artículos 4.4 anuncia la gestión periférica de la Junta de Andalucía a través de las Diputaciones Provinciales, precepto manifiestamente incumplido desde el primer momento. El 12.11 obliga a la nunca llevada a cabo reforma agraria. El 17.9 menciona a los agentes de cambio y bolsa, un cuerpo profesional ya desaparecido. El 19.2 resulta manifiestamente incumplido cuando establece que la Comunidad Autónoma velará “porque los contenidos de las enseñanzas e investigación en Andalucía guarden una esencial conexión con las realidades, tradiciones, problemas y necesidades del pueblo andaluz. El 26 no recoge la posibilidad para la disolución del Parlamento.
El 44 mantiene las funciones del Consejo de Estado que ahora realiza el Consejo Consultivo de Andalucía). Del mismo modo, el artículo 70 no recoge la Cámara de Cuentas de Andalucía, como tampoco el 71 menciona el Consejo Económico y Social, todo lo cual nos ofrece una visión del Estatuto desprovista de cierta legitimación y de nula actualización, al no incluir órganos que tienen una función primordial.

De ahí que sea necesaria la renovación del pacto estatuyente, que la sociedad andaluza no sea prisionera de un momento histórico determinado. Porque el coste de la no reforma es mayor que el de la reforma y porque la reforma del Estatuto puede impulsar la necesaria reforma de la Constitución.

4.- PROPUESTAS ANDALUCISTAS PARA UN NUEVO ESTATUTO

Los andalucistas tenemos redactado un Nuevo Estatuto en su totalidad que incluye las propuestas necesarias para el impulso de Andalucía como proyecto colectivo, como ilusión de todos y todas, como Nación social, cultural y económica.

Para nosotros es básico asumir nuevas competencias en ordenación territorial, Justicia, Aguas, Comunicaciones, Fiscalidad y Régimen local, así como introducir todas las mejoras necesarias para hacer congruente las relaciones entre los cuatro grandes niveles territoriales, Europa, España, las nacionalidades y regiones, las Entidades Locales. Elementos tan importantes como la participación en las instituciones europeas, en el ámbito de nuestras competencias exclusivas, la reforma del Senado, es decir, la codecisión en las políticas de Estado, la conferencia de Presidentes de Comunidades Autónomas o la comarcalización son piezas de un mismo universo de racionalización y cooperación entre los distintos niveles territoriales del poder político. Asimismo hay que incorporar las nuevas realidades derivadas de la sociedad del conocimiento, la profundización en la igualdad de género o la inmigración e introducir las mejoras técnicas necesarias. Debo decir que los andalucistas no hemos luchado ni luchamos por una reproducción en Andalucía del modelo centralista de España. Estamos en esto para otra cosa: nuestro modelo es descentralizado, equilibrador y vertebrador. Repudiamos una Andalucía quebrada con dos o más velocidades en su desarrollo.

Una especial atención necesita el mundo rural siempre azotado por crisis económicas, el cual requiere de instrumentos de vertebración y de articulación territorial que permitan su desarrollo integral y, a la vez, impidan que sea el oscuro objeto del clientelismo y el desánimo cívico.

Al mismo tiempo, resulta del mayor interés proponer un debate sobre cual será el papel de Andalucía en la nueva Constitución Europea. Queremos una Europa de los pueblos. No queremos que un nuevo centralismo entre por la puerta de atrás. Somos profundamente europeístas. Sabemos que Europa es la primera respuesta política en la era de la globalización. Europa es el nivel inmediato de globalización para Andalucía. Europa es el futuro. Pero Europa no puede ser una fortaleza, sino que necesita abrirse y democratizarse potenciando la proximidad del ciudadano, la participación y trasparencia y la multiculturalidad.

He hablado de la relación de Andalucía con España, Europa y el mundo, en su conjunto, pero también es fundamental la proyección de esta idea en el interior de Andalucía.

Para explicar estas medidas de cambio, hemos estructurado cuatro grandes apartados:

El primer gran apartado que constituye el compromiso de un Nuevo Estatuto de Autonomía para elevar y mejorar los derechos y la calidad de vida de los ciudadanos ante la gran evolución social vivida en estos últimos veinte años.

Para ello los Andalucistas planteamos la ampliación de los objetivos básicos de la Comunidad Autónoma, así como la aprobación de una Carta de Derechos y Deberes de los Andaluces que complete los derechos y las libertades fundamentales garantizados por la Constitución Española.

Esta carta andaluza remediará ausencias intolerables del actual Estatuto, como por ejemplo la no inclusión entre los objetivos básicos del Gobierno andaluz (artículo 12) el esfuerzo para que todo andaluz y toda andaluza tengan derecho a una vivienda digna, o a un sistema sanitario público y gratuito. Al mismo tiempo, se sentarán las bases para asegurar nuevos derechos y situaciones, como el acceso a las nuevas tecnologías, la defensa ante la violencia doméstica, el establecimiento de voluntades anticipadas en relación con la salud propia o la libre orientación sexual.

Es básica, igualmente consagrar en la norma suprema estatutaria la protección y ayuda a las diferentes formas de Familia o la pluralidad en la información. Resulta especialmente relevante el tratamiento justo y objetivo de la información de la cultura del día a día trasmitida a través de los medios públicos. Para nosotros es un requisito esencial la dignificación de las Televisiones Públicas. La Televisión pública es un instrumento de primer orden para la construcción de Andalucía, pero cuando en las parrillas se instalan la manipulación y el mal gusto estamos ante un atentado contra la democracia y la identidad de los andaluces y en este caso también contra la cultura andaluza. En la próxima legislatura cambiaremos radicalmente esta situación aberrante tanto desde la estética como desde la ética.


El segundo bloque sobre el que consolidamos el Nuevo Estatuto consiste en un cambio integral para acercar la administración andaluza al ciudadano y conseguir la mejora de la gestión pública de las instituciones andaluzas:

Para una sociedad con conciencia crítica y capacidad transformadora, es esencial la confianza en el sistema democrático y el acercamiento a la política como herramienta capaz de proporcionar un sistema de bienestar social, coherencia moral y habilidad en la gestión. Con estos principios como base de su actuación, el Gobierno Andaluz debe encontrar en el Estatuto los instrumentos necesarios para alcanzar una vertebración territorial propia con la creación de las comarcas. En cuanto a la articulación territorial, el Estatuto andaluz vuelve a mantener el esquema constitucional, sin alteraciones relevantes, lo cual supone una demostración palpable de que intenta reproducir una actitud centralizadora.

Es necesario una nueva distribución territorial del poder en el interior de Andalucía mediante la modificación de la vieja planta de las Provincias, pensada para un país que se trasladaba en carretas y diligencias, a la nueva planta de la estructura comarcal de mayor proximidad y mejor interpretación del principio de subsidariedad.. Desde la Consejería de Turismo y Deporte hemos propuesto un mapa comarcal que estamos ejecutando con las políticas deportivas y turísticas.

Pero existe otra dimensión, para nosotros vital, en el proyecto de reestructuración del poder territorial. El poder de las ciudades. Queremos un nuevo papel para las ciudades para lo que es necesaria la reforma de la Ley de Bases de Régimen Local.

Además es necesario una profunda revisión de las relaciones competenciales entre la Junta y los Ayuntamientos: mayor financiación local y mayor nivel competencial sobre la base de que la Administración Local debe ser una competencia exclusiva de Andalucía y no una competencia compartida. Hemos propuesto que los Ayuntamientos participen en los tributos autonómicos mediante la creación de un fondo incondicionado. Con ello avanzaremos en la conciencia andaluza, en la marginación de los localismos que utilizan las fuerzas centralistas como arietes contra la fuerza de Andalucía que, como en cualquier grupo humano, reside en su unidad, porque con estas dinámicas la equilibraremos y cohesionaremos.

En resumen, un régimen territorial absolutamente deudor del establecido en la Constitución, que limita las competencias del Gobierno autónomo, que lo supedita ante la legislación emanada del Estado y que le impide establecer un modelo de organización interior propio.

También es necesario articular un nuevo sistema en referencia al sistema electoral andaluz, Nueva Ley Electoral más cercana, equitativa y eficaz que incorpore propuestas innovadoras como listas electorales abiertas, limitación de mandatos, prohibición efectiva del transfuguismo, garantizar la participación de los emigrantes andaluces en los procesos electorales propios o establecer mecanismos para la consideración de Andalucía como circunscripción única para las elecciones al Parlamento Europeo y al Senado

Al mismo tiempo, es insuficiente la consideración que el actual Estatuto realiza acerca de la Policía Autónoma. Los andalucistas hemos sido los más reivindicativos respecto a la creación de un cuerpo propio que ayude a remediar el clima de inseguridad que reina en determinadas localidades. El Estatuto debe apostar claramente por la creación de un espacio de seguridad que permita el desarrollo de una Policía Autónoma integral en Andalucía.

En el apartado de migraciones, resulta igualmente sorprendente que la emigración andaluza tenga un tratamiento tan paradójico, además de ser evidente la necesidad de incluir una regulación social y justa para la inmigración. A pesar de que todavía hoy muchos andaluces tienen que salir fuera de nuestra Tierra para buscar un sustento que no encuentran en ella, Andalucía ha pasado a ser una tierra de acogida. Son muchos los inmigrantes que llegan empujados por la penuria y la necesidad y tenemos la obligación moral, humanitaria y ética de integrarlos y otorgarles derechos y deberes, como a cualquier otro andaluz.

Más sangrante aún resulta la discriminación que el Estatuto actual realiza respecto a los emigrantes andaluces en el exterior. Los emigrantes han sido abandonados por nuestro Estatuto. A pesar de que el artículo 8.3 reconoce a las comunidades andaluzas asentadas en el exterior el derecho a colaborar social y culturalmente con su tierra de origen, el reconocimiento como tales “en ningún caso implicará la concesión de derechos políticos”

Este apartado implica una tremenda paradoja si lo comparamos con su precedente, el 8.2. Aquí sí se reconoce como andaluces, con todos sus derechos (incluido el voto) a aquellos “ciudadanos españoles residentes en el extranjero que hayan tenido la última vecindad administrativa en Andalucía”, incluidos sus descendientes. Tal discriminación impide a los más de 2 millones de andaluces en el exilio interior mantener sus más importantes vínculos con su Nación.

El tercer apartado en la propuesta de un Nuevo Estatuto para Andalucía consiste en una apuesta valiente para profundizar en la identidad y en el hecho diferencial andaluz dentro del concepto de nacionalidad que recoge la Constitución:

Andalucía no puede permitirse el lujo de abandonar a su suerte sus símbolos y señas de identidad como Pueblo y la aspiración a ser considerada como nacionalidad. En primer lugar porque la distinción constitucional entre nacionalidades y regiones ha provocado en la práctica una discriminación en favor de las primeras en numerosas materias; además, si hay un territorio en el Estado que puede alzar la voz para reivindicar unas señas de identidad propias, ese es el nuestro. Por ello, y como lugar que acoja los elementos más significativos de nuestro hecho diferencial, el Estatuto está obligado a incluir y a defender con mayor contundencia el hecho de que Andalucía es una Nacionalidad Histórica, la defensa del habla andaluza y de la inclusión de temática andaluza en curriculums, libros de texto y sistema educativo en general y la cultura como hecho diferencial de Andalucía.

Resulta intolerable que el Estatuto no reconozca la identidad y dignidad del Pueblo Andaluz. En efecto, para el actual Estatuto, la Historia de Andalucía comienza con su aprobación. No hay referencias a la lucha de los andalucistas históricos, a la actividad de entidades como las Juntas Liberalistas, ni a acontecimientos de gran importancia como la Constitución Cantonal de Antequera, la Junta de Andujar o la Asamblea de Córdoba de 1933. Tan sólo se hace una referencia puntual a la Asamblea de Ronda de 1918 al hablar de la bandera y del escudo andaluces en el artículo 6, a todas luces insuficiente

La redacción original del Estatuto no mencionaba en absoluto a Blas Infante. Tuvo que ser una Proposición No de Ley presentada por el Grupo Andalucista la que obligó a incluir un preámbulo reconociendo su figura y su labor en pro de la autonomía. En este texto, aprobado en 1983, se considera a Infante como Padre de la Patria Andaluza. Sin embargo, este texto no forma parte del Estatuto propiamente dicho, y sólo estará incluido en las ediciones oficiales del mismo.

El cuarto y último apartado sobre el que los andalucistas sustentamos nuestra propuesta de Nuevo Estatuto es quizas una de las más importantes, ya que considera al Nuevo Estatuto como un instrumento generador de riqueza y bienestar para Andalucía:

El nuevo Estatuto debe contar con un respaldo generalizado, fruto del consenso de toda la sociedad andaluza en su defensa y asimilación como norma superior de nuestro ordenamiento. Y esta aprehensión del Estatuto como propio por todo el Pueblo Andaluz será más sincero, permanente y real cuanto mayor utilidad aprecie en él. Por ello, los andaluces y andaluzas deben percibir a su Estatuto como un utensilio que, no sólo permite un marco de convivencia pacífica y democrática y la profundización en nuestras señas de identidad, sino que también, y sobre todo, posibilita un crecimiento de Andalucía como entidad social, cultural y económica necesario para colocarla en el lugar que merece dentro del Estado.

Un instrumento que debe permitir avances como la creación de la Agencia Tributaria Andaluza, que tenga encomendada una mejor y más eficaz gestión fiscal e impositiva con efectos positivos en nuestra tierra.

Al mismo tiempo, y como demanda prioritaria en materia económica, hemos de conseguir que el Estatuto consagre la gestión propia de la totalidad de los fondos económicos de la Unión Europea que deben llegar a Andalucía, para evitar que con dinero andaluz se pueda construir, por ejemplo, nuevas líneas de metro en Madrid, al menos no antes de que las ciudades andaluzas más significativas puedan contar con infraestructuras semejantes.

Finalmente, y al margen de competencias importantes como la gestión como administración ordinaria de los planes estatales de fomento de la actividad económica, el Nuevo Estatuto de Autonomía debe garantizar la creación de una Caja única en Andalucía, como equivalente de un gran banco público andaluz que garantice una mejor reinversión de grandes recursos financieros en el desarrollo social, cultural y económico de Andalucía.

CONCLUSION

La próxima Legislatura será Constituyente, la actual dinámica política, nos conducirá inexorablemente a cambios relevantes y decisivos en la configuración de los poderes del Estado.

La Constitución se modificará, todos están interesados, la Corona, la derecha, la izquierda, Cataluña, Galicia, y el País Vasco.
Los Estatutos se modificaran y se aprobará la Constitución Europea, en este proceso todos estarán presentes, y Andalucía ausente, nos jugamos mucho, nos jugamos demasiado, nos jugamos el futuro. Depende de nosotros que Andalucía al igual que en el año 1.979, intuyó la necesidad de tener una voz propia, en el Parlamento de España, que determinó el actual modelo de Estado, no previsto en 1.978 por los Constituyentes, pueda ahora decidir políticamente estar presente con identidad propia, en este nuevo proceso Constituyente. De todos nosotros depende.



MANIFIESTO INSTITUCIONAL DE LOS AYUNTAMIENTOS ANDALUCES ANTE EL 4 DE DICIEMBRE.  
El 4 de Diciembre de 1977, millón y medio de andaluces salieron a la calle para pedir una autonomía en pie de igualdad con el resto de los pueblos de España. Fue una movilización que inició el proceso autonómico del pueblo andaluz para recuperar su identidad y romper con la aceptación resignada de una historia de dependencia.
En este impulso, singular en todo y único en su génesis, tuvieron especial protagonismo los Ayuntamientos democráticos, que supieron recoger y encauzar las aspiraciones de todo un pueblo, cuando la inmensa mayoría de las Corporaciones Locales aprobaron en Pleno la vía hacia la Autonomía por el articulo 151 de la Constitución, mandato que refrendó el pueblo andaluz el 28 de febrero de 1980, y que hizo posible que nuestra Comunidad dispusiera de una institución de autogobierno, la Junta de Andalucía, dotada, sobre el papel, de suficiente capacidad política para cumplir los dos objetivos básicos que justifican la autonomía en la conciencia de los andaluces: la defensa de nuestra identidad nacional y la lucha contra el subdesarrollo económico.
Sin embargo, en estas dos últimas décadas, hemos podido ver que las posibilidades de autonomía efectiva que la Constitución y el Estatuto ofrecía, se han visto recortadas de forma permanente, debido a la interpretación restrictiva de los sucesivos gobiernos centrales que, a través de mecanismos jurídicos o jurisdiccionales, han limitado políticamente la capacidad de autogobierno de Andalucía, cuando no han invadido competencias exclusivas de la Junta de Andalucía. Y es que, a pesar de las proclamas del Estatuto de Autonomía, la realidad profunda del Estado es la pervivencia del centralismo político. Madrid sigue siendo referente de cualquier actuación política y sigue manteniendo red de mecanismos de influencia que le permite el control efectivo de todos los ámbitos de la vida pública, negando internamente y en su proyección externa la letra y el espíritu del nuevo modelo descentralizado del Estado común.
La óptica centralista ha venido considerando a los pueblos y ciudades como estructuras residuales que debían ocuparse sólo de lo que las instituciones supramunicipales fueran incapaces de gestionar, y la propia Constitución española de 1978, en el reparto de competencias Estatales y Autonómicas, margina a los municipios.
La persistencia de unas instituciones obsoletas, las Diputaciones, que no responden a nuestra realidad territorial, y la falta de voluntad política para impulsar el desarrollo comarcal que demanda la sociedad andaluza, provocan una importante disfuncionalidad que es necesario superar, avanzando hacia la creación de instituciones comarcales.
Pero han sido los Ayuntamientos, los que en estos últimos 20 años, con su cercanía a los problemas de los ciudadanos y el mayor dinamismo de sus actuaciones, han marcado su propio desarrollo y han impuesto una nueva realidad que invierte el planteamiento político centralista, aportando nuevas metas de competencias que están necesitando de un Estado que dé carta de naturaleza a esta situación y evite el estado de asfixia en que se encuentra la Administración Local por la falta de un marco legal para su desarrollo.
En línea con esta situación, los Ayuntamientos andaluces reivindicamos:
  • Impulsar la culminación del proceso de traspasos de las competencias contempladas en el Estatuto de Autonomía andaluza y transferencias necesarias, posibles jurídicamente en el marco constitucional, que tras cerca de veinte años continúa retenidas por el Gobierno estatal.
  • Ejercer en su plenitud el marco competencial contemplado en el Estatuto, profundizando en el autogobierno de Andalucía, imprescindible para dar una respuesta eficaz a las demandas del pueblo andaluz.
  • Reconocimiento del papel protagonista de los municipios y comarcas en la articulación de la sociedad andaluza, demandando al gobierno andaluz que legisle un nuevo marco de relaciones municipales a través de una Ley Andaluza de Comarcas que supere el marco artificial de la división provincial, que no responde a la realidad territorial.
  • Potenciar la delegación de competencias y recursos económicos de las Diputaciones en las Mancomunidades de municipios, que responden más eficazmente a las demandas de una mejor articulación territorial.
  • Propiciar, en aplicación del principio de subsidiaridad, una mayor descentralización desde el Gobierno andaluz hacia los municipios, superando mecanismos de control y tutelaje, herencias del Estado Centralista, y acercando el poder de decisión a los ciudadanos.

  •  La Consejería de Relaciones Institucionales edita un disco con diez versiones del Himno de Andalucía  
    La Consejería de Relaciones Institucionales, que dirige el andalucista Antonio Ortega, editará en febrero próximo 5000 discos compactos, en una primera tirada, en los que se incluirán diez versiones distintas del Himno de Andalucía con motivo del XX aniversario del Estatuto.

    Hasta el momento, según el viceconsejero de Relaciones Institucionales, Juan Carlos Soriano, ya han sido cerradas las grabaciones de cuatro versiones con las orquestas más importantes de Andalucía, entre las que se encuentran las interpretadas por la Orquesta Ciudad de Granada, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla con el coro del Teatro de la Maestranza, la Orquesta de Córdoba con la voz de Carmen Linares, y la Orquesta Sinfónica de Málaga.

    Una de las versiones que se incluyen en este disco es la realizada el pasado 1 de diciembre en el acto de homenaje al Himno de Andalucía que se celebró en el Parador de Carmona, y en el que el himno fue interpretado por la Banda de la Cruz Roja junto a las voces de El Lebrijano y Carmen Linares y la del resto de los asistentes.

    Andalucía, 10 de diciembre de 2001
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